Que los chicos de Muchachada Nui y La Hora Chanante son la ostia en verso es algo que sabemos todos. Dudo mucho que algún día llegue a cansarme del humor absurdo y surrealista de Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Julián López y el resto de su cuadrilla. Siempre recordaré con cariño esos momentos en que pude llegar a conocer a algunos de ellos. Y tras charlar con ellos, uno se da cuenta que además de unos cómicos geniales, de esos que siempre se superan y pasan de seguir la chabacana y fácil línea establecida, son unas excelentes personas.
Sí, personas. Y es que sin duda parte del éxito de ese humor tan rústico y bizarro que se gastan es que muchas veces parten de la vida cotidiana, de la rutina y del día a día para lograr la carcajada. Sí, es el abc de cualquier monologuista, pero el toque gamberro que ellos le imprimen a todo lo que hacen le da ese toque especial.
Un gran ejemplo, y uno de los mejores vídeos que he visto últimamente , es el sketch de Invent-Man, el hombre trolacas. Su protagonista, el inimitable Raúl Cimas, ya es suficiente motivo para ver el vídeo seguro de que vas a pasar un buen rato (éste tío es un fenómeno), pero es que la temática llega al alma por lo fidedigna que es con la vida real. Seamos sinceros, ¿quién de nosotros no tiene un amigo que está continuamente contando “bolas” a todo el mundo? Sí, ese tío que obtiene placer inventándose todo tipo de mentiras, desfasando de cosas que ni ha hecho ni conoce. No sabemos por qué lo hace, pero en cada grupo hay uno. Todos conocemos alguno, y atendemos a sus trolacas con una mezcla de interés y choteo sólo para ver cómo la gran bola de embustes va creciendo sin medida.
Bien, pues ese es el caso de nuestro Invent-Man, un retrato perfecto del típico colega que es buena gente pero que no para de inventarse trolas como camiones. Va por ellos, y por los que les siguen el rollo con toda la paciencia y entusiasmo del mundo.
Lo de los ewoks es un tema complicado. Mientras que suele haber unanimidad entre los fans de Star Wars en lo referente al odio hacia la patética figura de Jar Jar Binks, las posturas ante estas pequeñas y adorables bolas de pelo siempre se ha encontrado dividida. Hay fans que les odian a muerte, por considerarlos ñoños, y añadidos innecesarios para llenar las salas de cines de niños pequeños y aumentar la caja, así como por haber sustituido la idea original (irrealizable en aquella época) de enfrentar a los poderosos wookiees contra los imperiales en los bosques de la Luna de Endor. Otros aficionados, entre los que me incluyo, recordamos a los ewoks con cariño, ya que el Retorno del Jedi es la película de la trilogía original que impacta con más fuerza en el corazón de los más pequeños, por su tono heroico a la hora de narrar el espectacular y épico triunfo del bien sobre el mal. El Retorno marca tu infancia y te mete para siempre la esencia de SW en el corazón, y los ewoks estaban ahí, machacando a los malos. Vistas ahora, puede que su presencia en la cinta sea de lo más innecesario, pero yo no puedo abstraerme de mis recuerdos infantiles. Al fin y al cabo, ¿qué quedaría de la afición por Star Wars si prescindiéramos de nuestra nostalgia? Muy poco. La magia desaparecería. Finalmente, un tercer grupo simplemente los contempla con indiferencia.
Si tuviera que recurrir a los servicios de un chamán, yo elegiría al bueno de Logray
En fin, después de esta defensa personal de los ewoks y de la grandeza de El Retorno del Jedi, va siendo hora de terminar esta introducción. Vamos al meollo. El tema es que parece que un grupo de personas, activas amantes de la Naturaleza ellas, ha decidido convivir de una forma muy similar a como lo harían los ositos de peluche de aquella galaxia tan lejana. En efecto, Matt Hogan, consultor de marketing deportivo de Maryland y su bienamada esposa Erica han decidido crear un insólito complejo residencial ubicado ni más ni menos que en las copas de los árboles. La Finca Bellavista, emplazada a 1800 metros de altitud en la costa del Pacífico Sur de Costa Rica, es todo un vergel natural rodeado de ríos y playas donde las viviendas, interconectadas mediante sencillos puentes de madera a lo largo de 150 hectáreas, se funden con el paisaje promoviendo una convivencia sostenible y plausible con el paradisíaco entorno en el que se encuentra.
La Finca Bellavista se encuentra rodeada de los ríos Piedras Blancas y Bellavista, encerrándola en el corazón de una auténtica selva tropcial costarriquense.
Y no son sólo palabras. Desde que el intrépido matrimonio viajara por primera vez a esta región y quedara cautivada por su belleza, tuvo muy claro que era posible vivir en perfecta comunión con la Naturaleza, prescindiendo para ello de las habituales comodidades a las que estamos acostumbrados en la ciudad a cambio de una experiencia ecologista sin igual. Cada vivienda de Finca Bellavista es única y diferente a las demás, ya que ha sido construida teniendo en cuenta el peso y la disposición particular del árbol que le sirve de soporte. Roderick Romero, un diseñador especializado en la fabricación de casas en los árboles, es el responsable de la tribal apariencia de esta insólita urbanización. De igual modo que ocurre en Kashyyyk, el planeta natal de los wookiees, cada casa está ligada de modo indisoluble al árbol que la permite existir.
¿Y cómo se abastecerá la buena gente que decida residir en Finca Bellavista? La respuesta es tan sorprendente como primitiva: recogiendo el agua de las frecuentes lluvias que azotan la selva mediante un sistema de almacenamiento y distribución que reparte el agua recolectada desde los tejados a cada vivienda. El líquido elemento es además el responsable de que la Finca disponga de energía eléctrica, gracias a la acción de una turbina que permite sobrevivir a esta comunidad gracias a la energía hidoeléctrica.
La máquina que lo hace posible
Por supuesto, los medios de transporte están prohibidos, por lo que los residentes deberán desplazarse por un sistema de rieles, camino estrechos y plataformas que conectan todo el recinto tanto por tierra como por aire.
Submarinismo, visitas a Parques Naturales, pesca, observación ornitológica o practicar el surfing en las maravillosas playas situadas en los alrededores son sólo algunas de las actividades que Finca Bellavista ofrece a sus huéspedes. La experiencia de turismo natural definitiva.
La fundadora de Finca Bellavista, pasándoselo teta con la tirolina
Impresionante, ¿verdad? ¡Pues además disponen de conexión wifi para permanecer comunicados con el resto del planeta! Y es que cuesta mucho renunciar a Internet xD
Conexión inalámbrica desde la Luna Santuario al mundo…
Por el momento los únicos residentes en Finca Bellavista son sus dos fundadores, aunque ellos mismos aseguran que ya han vendido 28 de las 72 parcelas disponibles en esta muestra de ecologismo integral y proactivo importado de aquella galaxia tan lejana. Ver para creer…y para disfrutar una temporada, sin duda alguna.
Que no golfo argentino. Aunque bueno, ateniéndonos a su comportamiento y a su inocente vocabulario quizá una cosa coincida con la otra. El último homenaje realizado por Antonio, Dani y Laura (con la aparición estelar del cumpleañero bollo Buda) fue uno de esos venazos que les dan de vez en cuando, en esta ocasión mientras realizaban la rutinaria y sagrada tarea de sacar a Buda al parque. Efectivamente, se trata de nuestro primer homenaje en exteriores, algo que como veremos por la naturaleza del vídeo entrañó no pocos riesgos y puso de manifiesto el valor de los intérpretes.
El vídeo homenajeado, In Golf we Trust, es un clásico de youtube de esos que nos marcaron al poco de nacer tan magnífico servicio de vídeo compartido. Pese a que en España no es muy conocido, quiero pensar que en la Argentina, esa tierra donde el buen humor, tanto el más inteligente (mirad si no la publicidad que hacen) como el más burro tiene denominación de origen. Según parece el corto en cuestión está basado en un cuento popular. Un jugador de golf con su caddy van a jugar unos hoyos. Esa es la introducción, pero paso de contaros nada más, así que ved el vídeo porque merece la pena:
Bueno, ¿no? Pues este par de tunantes decidió crear su propio homenaje. Como siempre, un trabajo de calidad. Aquí lo tenéis:
Sé lo que estáis pensando. Al leer el título del post lo primero que os viene a la cabeza es el celebérrimo y glorioso vídeo de youtube en el que el apañado de McGyver se enfrenta en un capítulo de su serie a “un grupo de guerrilleros vascos”. Una auténtica joya que todo español debería ver. Aunque asumo que, dada la popularidad que adquirió hace un tiempo, la mayoría de vosotros lo habéis visto ya, lo pongo a continuación para que aquellos que no tengáis esa suerte podáis conocer realmente las costumbres de este primitivo pueblo de eusko-talibanes:
Todo un clásico, ¿verdad? Lo que ya no sabía yo es que en Internet circulan más vídeos que reflejan la peculiar visión que la industria de cine norteamericana, siempre aficionada a incluir en sus cintas culturas y pueblos exóticos a sus ojos, tiene del pueblo vasco. Recientemente, mis amigos de la revista Enigmas me descubrieron el vídeo definitivo. Una recopilación de momentos memorables de “El Desfiladero de la Muerte”, un western donde un un grupo de vascos decide saltar el charco para plantar sus viñas en la rica tierra de California e iniciar, en definitiva, su particular aventura camino al Far West.
No voy a hacer ningún comentario más sobre el vídeo, porque creo encarecidamente que merece la pena ser visto sin saber lo que va a ocurrir. Sólo adelanto que el documento gráfico que estáis a punto de visionar es brutal, y puede llevar sin mucha dificultad a la risa histérica. Os dejo con la recreación definitiva del pueblo vasco según Hollywood: El Desfiladero de la Muerte.
Sensacional. Si os habéis quedado con ganas de más, os adjunto como despedida un breve e interesantísimo reportaje que comenta en detalle las perlas que acabáis de presenciar, además de añadir más extractos de cine estadounidense donde el ciudadano vasco es protagonista de la escena. Disfrutad.
Retomamos este pequeño repaso por la fauna urbana que podemos encontrar en esos peculiares ecosistemas que son los autobuses.
Hoy voy a hablaros no de una, sino de dos especies, ya que la idiosincrasia de una de ellas puede explicarse fácilmente en unas pocas líneas. Vamos allá.
Los Muros
(NO…PUEDES…PASAR)
Especie sedentaria, que, una vez encuentra su lugar en medio del pasillo del autobús, ahí se queda. Pese al lógico desprecio que suscitan entre el resto de viajeros, es curioso comprobar cómo un Muro parece evadirse de la situación, evitando con total naturalidad miradas de odio, quejas y algún insulto susurrado. En ocasiones, la presión e insistencia del resto de viajeros ha sido incapaz de movilizar a una de estas barreras humanas.
Tan sólo una llamada de advertencia del conductor del autobús parece capaz de despertar al Muro de su trance, para apartarse a regañadientes y dejar fluir el tráfico humano. Pero a veces, ni eso basta: los Muros más cabezones son inmunes a estas advertencias, vengan de quien vengan. Ellos están ahí, y punto.
Los Muros desestabilizan la distribución y equilibrio demográfico del autobús, impidiendo en muchas ocasiones que se llene hasta el máximo de su capacidad, con el consiguiente apeo en tierra de de potenciales usuarios. Por ello, los Muros son una especie dañina para el ecosistema autobusero, especialmente en los autobuses intraurbanos de las grandes ciudades, donde el daño que hacen en la hora punta es total.
Los Putos Cansinos del Móvil
Otra especie que utiliza la música como elemento perturbador. Si bien en algunas especies el animus jodiendi puede verse camuflado de alguna manera (con auriculares, por ejemplo), los Putos Cansinos del Móvil no muestran ningún reparo en amargar el trayecto al resto de viajeros. Se dividen en 3 tipos, según su nivel de modernidad y de fondos económicos: los de Tono simple (muy escasos, prácticamente extintos), los del Politono (en claro declive) y los de Tono Real (ya asentados y en continua expansión). Esta especie se reúne en la parte trasera del autobús en grupos de entre 3 y 5 personas, y suelen hacer acto de aparición en los trayectos interurbanos (Las Rozas-Madrid, por ejemplo).
Una vez asentados, se tumban ocupando un par de asientos por cabeza, y sacan sus móviles. Para esta gente, el Móvil es como la Cruz para los cristianos: un objeto para reverenciar, pero que también sirve como instrumento de tortura. Una vez desenfundados, los Putos Cansinos del Móvil comienzan a enseñarse unos a otros los fantásticos politonos/realtonos que tiene su móvil.
En ese momento, el resto de viajeros piensan, ingenuamente, que se enseñarán un par de melodías, de las que pondrán como mucho 5 segundos. Se equivocan. El grupo de Putos Cansinos va a encargarse de que sus maravillosos politonos se escuchen durante prácticamente todo el trayecto. Íntegros. Sin descanso. En bucle. No olvidemos que los realtonos son, como su nombre indica, tonos reales, por lo que si dejan los temas íntegros es como si tuvieran un radiocassette en vez de un móvil.
No amenizan el viaje con Queen, Dire Strites o The Beatles. Estos grupos son desconocidos para esta especie. El repertorio de sus móviles sólo entiende de reggaeton, merenge y quizá algún triunfito. Si ponen techno, será el más ratonero que hayan encontrado por Internet. Los politonos estúpidos que anuncian las televisiones a las 3 de la mañana también resultan muy atractivos para ellos. Pero sobre todo mucho, mucho reggaeton. Don Omar, El Pobre Diabla, El Tremendo Culo y la perra de su madre, y cientos de temas pensados para follar vestidos.
También hay que señalar que esta especie suele operar bajo la impunidad que ofrece el miedo. Nadie osa decirles nada, pues de todos es sabido que esta tribu no suele ser trigo limpio.
Hacía tiempo que no me emocionaba tanto viendo un vídeo de Youtube. Nada más terminar, aún con un delicioso cosquilleo en el cuerpo, me decidí a subirlo y compartirlo con todos.
No es la primera vez que defiendo mi generación, la de comienzos y mediados de los 80, con el más alto de los orgullos y el más entrañable recuerdo. Ni será la última vez que lo haga. Hasta el día que me muera seguiré emocionándome con todas esas pequeñas cosas que definen nuestra forma de ser y de disfrutar volviendo a la infancia, aunque sólo sea durante un rato. Mejor todavía: gracias a que tuvimos infancia, podemos recordarla con el mayor de los orgullos y retrotraernos a esos días en que veíamos Chicho Terremoto, llorábamos a nuestro padres por unos G.I.JOES, jugábamos a ser He-man e intentábamos alcanzar los exámenes de la mesa del profesor con la mano elástica de las bolsas de Matutano.
Dudo mucho que la mayoría de los niños de ahora lleguen a recordar con nostalgia una infancia a la que ellos mismos decidieron renunciar al pasar la frontera de los 10 años.
Hace un par de días estuve en la tienda Aquarium de Madrid, sin duda el establecimiento de venta de mascotas más conocido y visitado de la capital. Situado a dos pasos de la Plaza del Callao y a otros dos de la Puerta del Sol, esta céntrica tienda es uno de los rincones más populares entre los amantes de los animales. Hay de todo, salvo perros: roedores, peces, anfibios, reptiles y arácnidos de todo tipo y pelaje. Quizá a muchos os suene por ser la tienda de animales que alberga una exposición de especies exóticas en su planta inferior (para conocer algunas curiosidades de esta muestra zoológica os remito al excelente libro Explore y Descubra las Curiosidades del Madrid Oculto) que cualquiera puede visitar previo pago de un par de euros. Yo suelo ir habitualmente, principalmente con Bea, para ver los animales tan simpáticos que hay, de entre los que los hámsters se sitúan en lo más alto de mi Top 1.
El caso es que el otro día fui a comprar un líquido que sirve para eliminar el mal olor del agua de las tortugas. Una vez salí de la tienda, me fijé otra vez en una vitrina situada junto a la entrada en la que han metido un grupo de la que es desde hace unos meses la mascota de moda: hurones. Peludos, sinuosos, ariscos y muy divertidos. Digo otra vez porque al entrar en la tienda me fijé en ellos y estaban durmiendo, como suele ser habitual en ellos cuando quieres que hagan alguna monería. Lo que vi me hizo tanta gracia que saqué el móvil y comencé a grabar. Los malvados hurones estaban persiguiéndose y peleando entre ellos, de una forma sigilosa pero constante, en completo silencio. Me pareció de lo más gracioso, son unos bichos tan bonitos como traviesos.
Ya sé que ha pasado bastante tiempo desde que terminara el Expocómic 2007, pero ahora que por fin tengo fotos suficientes para ilustrar nuestro paso por ahí ya estoy en condiciones de intentar transmitiros el ambiente que se respiraba en esta nueva edición.
No voy a hacer una crónica pormenorizada del evento como hice otros años. Los recuerdos, anécdotas y sensaciones se han diluido lo suficiente como para impedir que una crónica hecha dos meses después conserve frescura y actualidad.
Además, ¿no dicen que una imagen vale más que mil palabras? Pues aquí tenéis una pequeña crónica reflejada en fotografías.
Empecemos por el viernes, día en que fuimos Antonio, Dani, Ana, su novio y yo.
¡Un año más, aquí estamos! La foto friki oficial frente a las puertas de Expocómic no podía faltar.
De izquierda a derecha: El Buhonero de Resident Evil 4 (Dani), V (yo) y La Araña Humana (Antonio)
Otra foto, esta vez con la representante más fiel del llamado sector conservador, Ana (aún esperamos verte disfrazada de Kriptonita xD).
Ya estamos dentro, chavales. ¡A frikear un rato!
Los frikis del mundo se dividen en dos mitades: la que se ha leído Watchmen y la que no. En aquel momento yo pertenecía al segundo grupo, lo que no me impidió reconocer a este gran tipo como un integrante de la banda de héroes del cómic de Moore y Gibbons. La foto con el perturbado de Rorschach fue de las primeras, y desde luego de las más recordadas de aquel día.
Justo enfrente, uno tío la mar de simpático se dedicaba a hacerse fotos con todo el que fuera disfrazado (lo que hacíamos todos, vamos), hasta que finalmente acabó por organizar una macrofoto que aglutinó a los disfrazados que pululábamos por ahí. Su mismo disfraz era, de hecho, una oda al frikismo: máscara de Mon Calamari, Yoda a la espalda y un traje que no sabría reconocer ahora mismo.
¡Frikis del mundo…reuníos!(Parece que la Araña Humana ha notado algo con su sentido arácnido…)
¡Ana saliendo del armario del conservadurismo friki!
Este cartel la cautivó nada más verlo, e insistió en hacerse una foto. Se nota que le gusta el cómic de calidad.
Bueno, aquí vemos a la Araña Humana siendo entrevistada por los chicos de Antena3 Informativos. Es una foto con historia, porque primero nos pararon al Buhonero y a mí y respondimos a sus preguntas, algo de lo que la Araña se jactó por considerar (acertadamente) la forma en que Antena 3 trata este tipo de eventos. Y justo cuando terminó de hablar le pararon a él y bien que fue xD Esta foto lo demuestra. ¡Por cierto, que al final nos sacaron en los informativos, que estuve pendiente! El reportaje concluyó con una frase que dijo Antonio y que suponía una perla demasiado tentadora para que A3 la desaprovechara: “es muy duro ser friki” xD
Ana y Samu. El reencuentro con un compañero de la Facultad dotado para el dibujo que tenía un fanzine en el Salón, con stand y todo ¿El nombre? Rantifuso.
Y ahora fotos del domingo, día en que volví al Salón pero esta vez Bea y yo solos.
“Denme un abrazo o el erizo me matará”. Sinceramente, no parece muy preocupado ante tal perspectiva…
Nunca he leído nada de Corto Maltés, pero joder, ¡esto es un señor disfraz!
Bueno, y éste se merece el premio a mejor disfraz del día. ¡La puñetera ficha “Z” del Tetris! ¿Por qué es tan odiosa? ¿Por qué siempre cae del lado que no nos conviene? ¡No lo sabemos, pero es así! Este valiente sacrificó su honra y su espacio vital para homenajear este clásico inmortal al que un servidor sigue jugando en su versión DS.
Éste soy yo
Un muestra del ambiente que había el domingo, el día preferido por muchos por ser el que menos afluencia de público tiene. Claro, que todas las gangas a esas alturas han volado ya… En primer término, un entrenador Pokémon. Al fondo, Link.
Bueno, y a falta de que alguien me pase más fotos (¡ejem, ejem!), aquí finaliza esta pequeña crónica fotográfica.
Hay veces en la vida en las que tienes suerte. Veces en la que llegas al trabajo, ves el correo y te das cuenta de que tu voto para elegir Kinépolis Pozuelo como el escenario en el que Sylvester Stallone acudiría a la premier de John Rambo (más conocida como Rambo 4) no fue en vano. Kinépolis Pozuelo venció, y ahora se me permitía acudir a tan señalado acto junto a un acompañante. ¿Quién iba a disfrutar más de Sylvester Stallone que Igna, seguidor de los principales héroes supermazas del celuloide? La mañana del día 28 fue una constante de actualizaciones en la página de Manga Films, pero finalmente la espera mereció la pena: estábamos en la lista. Íbamos a ver a Stallone.
Tras llegar a la parte trasera de Kinépolis a las 21:30, un comité de seguridad ya había despejado un pequeño pasillo por el que un coche con el gran Sly pasaría para que el ídolo se apeara. No había mucha gente en esa zona. En el photocall…eso era otro cantar. Los principales medios se apresuraron en elegir sitio para la sesión de fotos habitual, pero los fans decidimos apalancarnos en la calle para recibirle desde el mismo momento en que bajara del coche.
Y finalmente, apareció. Yo nunca he sido muy fan de Stallone, lo reconozco. Y no porque no me guste, sino por algo más simple. Cuando uno es pequeño a comienzos de los 90, tiene que tomar una serie de decisiones. Super Nintendo, o Mega Drive. Ryu o Ken. Hulk Hogan o el Último Guerrero. Stallone o Schwarzenegger. Yo era nintendero, fanático de Ryu, seguidor de Hulk Hogan y fan a muerte de Schwarzenneger. Por eso, mientras que para mucha gente Stallone sólo podía ser Rambo o Rocky, para mí siempre ha sido John Spartan, más conocido como Demolition Man, una película con la que aún hoy sigo disfrutando. Claro que he visto Rambo, y claro que me gusta, pero a decir verdad nunca he visto la 2 y la 3 (NUNCA las ponen por la tele, al igual que nunca ponen Terminator 1 ni las dos de Conan, pero bueno, eso es otro tema…). Pero Sylvester Stallone es Sylvester Stallone. Dios, iba a bajar de aquel coche, aparecer a un par de metros de nosotros.
Comencé a grabar con mi fiel N70 lo que se convirtió en un vídeo non-stop de casi 4 minutos. Sly salió del coche, y pronto recibió el baño de multitudes. Era mucho más bajito de lo que parece en las películas, pero no hay duda: era él. Rambo, Rocky, Demolition Man. Ahí estaba, firmando autógrafos y soportando de forma muy profesional el envite de decenas de fans que gritaban su nombre y se abrían a empujones para verle, tocarle, o simplemente llamar su atención. Cámaras de vídeo, móviles, fotos de Rambo se agolpaban en la cara de Stallone, que como digo aguantó como el buen soldado que es. Tendrá 61 años, pero sigue siendo John Rambo.
El vídeo es una locura, y marea más que El Proyecto de la Bruja de Blair visionada bajo los efectos del peyote, pero es lo que hay. Pero mereció la pena. Lo logramos. Finalmente y tras intentarlo sin descanso, el gran Sylvester Stallone nos dio la mano. Primero a Igna, luego a mí. Esa inmensa mano con la que John Rambo abre en canal el cuello de sus enemigos. La misma mano con la que Demolition Man y Juez Dredd imparten justicia en los barrios más sórdidos. La misma mano con la que Rocky Balboa reparte galletas en el ring. Fue un gran momento, ¡un momentazo, más bien!
La sala 25 (no podía ser otra) estaba a reventar. No era para menos. No todos los días tiene uno la oportunidad de asistir al regreso de un personaje tan mítico y admirado como el torturado y violento soldado John Rambo (¡Rambo, deja de matar civiles! xD). Y menos aún en compañía del auténtico Rambo, de Sly Stallone.
La marca de Sylvester
Quince minutos antes de empezar la proyección, Sylvester entró en la sala. Más vítores, más vídeos, más fotos. Caminó de punta a punta para saludar a los fans y después, inexplicablemente se fue. Hubiera sido genial que se hubiese quedado para la proyección de la película, sin duda habría disfrutado con la reacción de los fans. Pero no fue así, cosa que lamentamos bastante.
Se apagan las luces. No hay tráilers. Comienza John Rambo. Volvemos al infierno.
No voy a desvelar nada relativo al argumento de la película. Tampoco pasaría nada, pues la trama es simple a la par que entretenida. Sólo diré que la película es lo que todos los que estábamos ahí esperábamos ver. Más aún. Es una de las películas más salvajes y violentas que jamás se han proyectado en pantalla grande. Así de claro. Una auténtica sucesión de escenas crudas donde se pone de manifiesto la crueldad a la que puede llegar el ser humano con sus semejantes. Es una película cruda, muy dura, llena de sadismo. Pero es lo que queríamos. De acuerdo, Rambo 4 empieza lenta. Hay mucho diálogo y poca acción (aunque cuando se da ésta, lo disfrutamos al extremo), y no es la mejor película precisamente para ver a las 10 de la noche, pero creedme: merece la pena esperar. La tónica violenta y sangrienta de la película se dispara cuando…bueno, mejor que lo veáis. Eso sí, tan sólo si sois fans de las películas hiperviolentas y amantes de ver fluir testosterona a raudales en una conveniente mezcla de acción, sangre, disparos y brutalidad. Si sois tíos, en definitiva. Rambo no decepciona en esta cuarta parte: enardece a la sala. No mata: descuartiza. Es simplemente BRUTAL. La sala no paraba de aplaudir, de reír (es muy cafre), de vibrar al ver que su querido John Rambo no se ha jubilado, sino que ha vuelto como nunca. Es el Rambo de siempre, la acción pura de toda la vida, pero más animal que nunca. Eso sí, la película es cortita, aunque a mí no me importó lo más mínimo. Ni lo noté. Sólo disfrutaba del recital de vísceras que se proyectaba ante mis ojos.
A medida que escribo esto, no puedo evitar mirar mi mano derecha y pensar que hace menos de cuatro horas el gran Sylvester Stallone la estrechó contra la suya. ¡Dios mío, no siento las piernas!
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Editado a las 20:42 del miércoles 30 de enero de 2008: incluyo un vídeo de mejor calidad cortesía de Terabyte 3000, quien también tuvo la suerte de estar en la premiere. ¡Gracias por tu permiso!
¿En qué momento exactamente pasaron los anuncios de Red Bull de tener gracia a ser una puta mierda?
¿Qué debe sentir un japonés cuando ve el anuncio del Bollycao Dokyo? En serio, ¿quién idea estos anuncios, a qué clase de retrasados se supone que van dirigidos y cuánto les pagan por ello?