Momentos Entrañables Bérriz, vol 5

Hola a todos. Esta semana ha tardado un poquillo, pero más vale tarde que nunca. Con todos vosotros…

(en el coleegio Bérriiiz, hay que ser soolidaarios…con la maano en el corazón…con ilusión)

MOMENTOS ENTRAÑABLES BÉRRIZ

Hoy os voy a hablar de algo que todos conocemos. Algo que los que nos movíamos por Molino llegamos a considerar normal, e incluso imprescindible para nuestra vida diaria. Un medio de transporte que nos ha visto crecer, y nos ha llevado a nuestras casas incontables veces de gratis. Sí amigos, ya sabéis de qué hablo, del transporte de la élite. Mientras el populacho pagaba para ir en esos autobuses verdes, tan de clase media, nosotros nos servíamos del MOLIBULE, o sea, el bus de Molino. ¿Quién no ha montado nunca en el Molibule? Me acuerdo cuando llegué al Bérriz y lo descubrí, no acababa de entenderlo. Tú enseñabas un carné amarillito(que se supone que tenías por vivir ahí, el hecho de que yo lo tuviera constituye una corruptela que merecería otro post), y entrabas, y el bus te llevaba a casa gratis. Tremendo, y eso cada día. Estuve más de cuatro años sirviéndome de ese maravilloso autobús. ¡Si hasta a veces acudía en tu ayuda los fines de semana! Hubo un momento en el que te llevaba hasta el Tutti, en Majadahonda (cuando existía, ¿recordáis el Tutti?). Y a la salida del cine, en el Heron City, te habías columpiado y estabas ahí, de noche, con la parada vacía y con pocas expectativas de que pasara algún bus. Y entonces lo veías a lo lejos, la esperanza blanquiazul, que te llevaba a casa aunque no tuvieras el carné. Elitismo de Molino al servicio del ciudadano. Aún recuerdo la cara que puso el conductor cuando mis amigos le sacaron el Abono Transporte y le preguntaron cúanto costaba. Sí, qué recuerdos me trae el molibule. Ningún exbérriz puede separar sus recuerdos de aquella época sin contar con bus de molino. Lo veíamos como normal, pero es la mayor pijada que yo he visto. Pensadlo bien, un autobús exclusivo no de un pueblo, sino de una urbanización. Vale que el verde pasaba cada hora, pero aún así es una chulada. Si no fuera por el molibule, los molineros, aislados en el monte y ajenos a la civilización, no hubieran podido subsistir, ni alimentarse, ni conocer nuevas tierras. Para los que nunca hayan utilizado el molibule, y para refrescar la memoria, señalaré que había dos tipos de molibule:

– El Molibule de toda la vida: la versión Classic. Era el que más se utilizaba. Tenía (y tiene) forma de microbús, con sus característicos colores azul y blanco. 8 de cada diez veces que lo pillaras, el molibule era de este tipo.

– El Molibule tocho: esta era la versión King Size del molibule. Un autobús de los normales, pero con los colores habituales del bus de Molino. Salía a la calle pocas veces. Tenía menos carisma, pero seguía siendo el molibule.

Y cómo podemos hablar de semejante maravilla sin mencionar a su conductores, queridos por muchos y recordados por todos. El molibule no sería nada sin estos sujetos, que a fuerza de verte cada puta tarde ya te conocían, te hablaban y te dejaban subir aunque no llevaras encima el carné. A veces, por no sacarlo de la mochila, les decías que se te había olvidado, pero sabías que al final entrarías porque eras una cara conocida. Dependías de ellos para llegar a tu casa a una hora decente, porque, como ya he dicho, el bus verde pasaba cada hora.

Estos eran los tres conductores del Molibule:

– Evelio: el entrañable Evelio es el alma mater del Molibule, un elemento imprescindible de la fauna molinera, al que todos recordamos con cariño. Esa voz característica, a lo Fary (amos que nos vamoooosss), y su simpatía le convertían en el conductor preferido por todos.Cuando Evelio desaparezca, desaparecerá el molibule. Aún hoy le veo a veces caminando por las Rozas, incluso coincidí con él en un psicotécnico.

Recuerdo cuando salíamos de Molino y llegábamos a la primera parada. Una vez, una tía le preguntó que a dónde iba ese bus, motivo de asombro y perplejidad para los no iniciados en el élite de Molino. Evelio sacó la cabeza por la ventanilla y dijo esa frase mítica que desde entonces acompañaría siempre a este simpar personaje:

“¡Las Rozaaaaas!”

Y desde ese día, niños y niñas, Evelio se paró cada día en esa parada, lloviera o nevara, hubiera gente o estuviera desierta, para gritar por la ventanilla “¡Las Rozaaas!” Era una tradición. La verdad es que Evelio nos alegraba el viaje.

– El segundo conductor creo que se llamaba Manolo. Era el más joven de los tres, con el pelo castaño, y siempre con una sonrisa en la cara. Era el más agradable y jovial, aunque no llegaba a los niveles de carisma de Evelio.

– El tercero era con diferencia el menos querido. No sé ni cómo se llama. Nunca le interesó a nadie. Era mayor, siempre estaba conc ara de mala ostia, y ay de ti como te hayas dejado el carné en casa o lleves algunos invitados. Lógicamente, solía ser el blanco de las frustraciones que genera un autobús, como los retrasos o el tráfico, como veremos más adelante. A partir de ahora nos referiremos a él como el Borde.

Este era un día normal de molibule. Salíamos de clase. Aún faltaba un rato paraque llegara el bus, que tenía que subir la cuesta del Bérriz y luego bajarla para llegar a la Caseta, elemento imprescindible de Molino de la Hoz, parada de autobús, barrera y lugar de reunión a partes iguales. Molino no sería lo mismo sin la Caseta. Bueno, pues la fauna que solíamos pillar cada tarde el molibule nos quedábamos a la salida del Bérriz charlando, por donde el parking de los profesores, hasta que viéramos subir el molibule, momento en el que bajaríamos a la Caseta. El molibule solía subir a eso de las 3 menos cuarto, lo que ya jodía, porque implicaba comer a eso de las 3 y media. Pero a veces, el bus subía a menos diez, momento en el que Miguel, elemento indispensable de la fauna del molibule, y yo gritábamos:

-¡Hijo de puuuuutaaa!

Sorprendentemente, el conductor solía ser el Borde, que nos miraba y seguía conduciendo. Tras este desahogo, bajábamos a la Caseta, donde encontrábamos más parroquianos habituales del molibule. Llegaba el bus, a las 3 pasadas, y soltábamos al conductor cosas como “ya has comido ¿no? ¿estaba bueno el bocadillo? yo no he comido” o a veces “¿qué hora es” “las tres y 10” “ah, vaale, era por saberlo (mirada de odio y hambre)”. Si llovía o hacía mal tiempo, era indiscutible que el molible se iba a retrasar, de una forma directamente proporcional al poco abrigo que llevaras. No fallaba.

El molibule era una insitución sin la que no hubiéramos podido vivir. A veces, cuando subía la cuesta no bajábamos y seguíamos vagueando por ahí, hasta que bajaba y teníamos que correr como unos cabrones para llegar a la Caseta antes que él. El pequeño retraso que le suponía la rotonda nos daba la ventaja necesaria para llegar por los pelos. Qué tiempos.

Era un chollo no sólo para la gente “propietaria”, sino también para los que viajaban con ellos, los llamados “invitados”. El número de “invitados” (o sea, gente que no tenía carné pero que subía con algún amigo que sí lo tenía) que podían subir dependían del conductor y del humor que tuviera. Evelio solía ser el que más se portaba. Hay leyendas que hablan de “invitados” que viajaron años y años gratis, utilizando mil y un estratagemas. También hay sujetos (yo conozco a más de uno) que “se encontraban” un carné de otra persona, y lo utilizaba como si fuera suyo. Las posibilidades dependían del ingenio de cada uno.

Hay mil anécdotas que recordamos sobre el molibule, pero hay una en especial, que sólo afectó a dos personas, que merece ser recordada por sus dosis de dramatismo y por su pérdida de tiempo. Estábamos Miguel y yo en el Bérriz, esperando que subiera el bus de Molino. Sube, hijodeputaaa y demás. Pasa el tiempo, y el bus no baja. Vamos bajando a la Caseta. Pasan los minutos, y el puto molibule no pasa. No recuerdo ahora cómo nos enteramos de lo sucedido, pero la cosa es que el bus de molino subió la cuesta, y cuando desapareció de nuestra vista, el conductor bajó y se cambió a otro autobús normal. Claro, bajó delante de nuestras narices sin que nos diéramos cuenta. El conductor se anotó un tanto a su favor con una táctica de lo más retorcida. Cuando nos dimos cuenta del engaño, esperamos al bus verde y los cogimos, pero ya era tarde: habíamos perdido la cabeza. Se nos había ido la olla. El bus pasó por la parada donde me tenía que bajar, no me enteré, y acabé en el intercambiador, donde Miguel tenía que pillar otro bus. Llamé a casa para decir lo que había pasado, incluído lo de la parada, y me dijeron que era imbécil. Así, sin más. Llegamos al intercambiador, y pillamos el bus para las Rozas. Ya era muy tarde, incluso para merendar, y la locura no tardó en invadirnos. En esas paradas tontas que hay en la carretera, donde siempre se baja alguien en un descampado sin nada, gritábamos a la gente “pero no te canteeeees, que aquií no hay caaasas” “pero que no nos retraases, que sabemos que sois actooores”. Las meninges se habían atrofiado después de una tarde entera perdida metida en autobuses, y no teníamos ya nada que perder. Pero eso no quiere decir que a día de hoy haya cambiado de parecer: ambos sabemos que estábamos en un show de truman, donde todos estaban en el ajo. Si hasta les vimos en el viaje de fin de curso, en Andalucía, con el uniforme del Bérriz.

Menuda tarde aquella. Este es un ejemplo de cómo el molinero común dependía enteramente del molibule para llegar a casa a buen puerto. Era una parte de nosotros. Aún hoy lo veo a veces pasando por la parada del Burgo, y me invade la nostalgia. Si aún conservo el carné, ese carné gigante y amarillo que aún llevo en la funda del abono por si Evelio acude en mi ayuda.

Y pensar que hace poco oí que iban a quitar el molibule porque un sector de Molino no quería pagar más por él (obviamente, los que viven en Molino pagan un impuesto anual por tener el molibule). Qué sería de ellos sin el bus de Molino. Se extinguirían.

Y este ha sido mi sentido homenaje al medio de transporte más exclusivo y entrañable de nuestra vida berricense, el único, el genuino, bus de Molino.

Nos vemos, pasadlo bien.

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6 Responses to Momentos Entrañables Bérriz, vol 5

  1. Nitha dice:

    Buenas, llevo ya 2 semanas leyendo este blog y he de decir que en general es buenísimo, Javato, se te da genial, me he animado a escribir hoy porque ante todo, yo soy Molinera y uso mucho el viejo cacharro… El molibule, mis declaraciones al respecto son: El conductor que no es Evelio pero que también es muy majete se llama Francisco y el borde es el que se llama Manolo, creo haber descubierto el por que de que sea tan borde y callado, mi teoria es que va borracho, las pruebas ya no son solo que no hable ni mire a nadie, la prueba mas consistente es la de la rotonda, en la rotonda de abajo, la del logos, ya ni gira , se la come y ya está, sube por el bordillo y poco a poco ya va dejando una marca con las ruedas, a mi me da miedo, cada lunes y cada miércoles, a falta de otro transporte tengo que subirme al Molibule para ir a las Rozas, a la escuela de idiomas y cuando está Manolo subo un poco asustada, un dia de estos nos mata…
    Dicha mi teoria, espero que sea convincente.
    Saludos, Javato.

  2. Javato dice:

    Muchas gracias por tu apoyo Nitha :). Siempre es bueno saber que hay molineros al otro lado y que además les gusta lo que escribo. Fíjate que yo pensaba que Manolo era el majo, lo que es la memoria. La verdad es que ir en ese bus es una aventura…
    Un saludo y gracias de nuevo.

  3. Anonymous dice:

    A mi todo esto del molibule me pilla muy de lejos, porque yo no tengo un historial de corrupción como Javato q me proporcionara transporte gratuito, jeje; pero puedo decir que alguna vez fui invitado a subir y subí.

    Atentamente,

    JULA

  4. crispa dice:

    OOOOOOOh!!!!!
    Esto ha sido como descubrir lo que hay más allá de la cortina de la sala VIP, como probar la comida de los profesores…
    Gracias, corresponsal al-otro-lado.

    Ah, otra cosa. Desde el próximo miércoles hasta que vea la película, no pienso pasar por aquí. Supongo que lo comprendes…

    PDTA. Miblog se ha roto, no puedo actualizar 😦

  5. Javato dice:

    Obviamente, tu blog ha sido seducido por el Reverso Tenebroso, dada la proximidad de tan importante estreno. En cuanto a David, ya sabs que los periodistas somos expertos en burlar los trámites legales para conseguir pases y documentos que no nos pertenecen 😀

  6. Anonymous dice:

    Francisco le dio una ostia al coche de borja, manolo se comio el morro del coche de mi padre. Choque frontal, el audi 2 semanas en el taller. Innumerables ostias, arañazos. Por las mañanas, a las 10:30 el autobus se convierte en el chachabus, a media maána en el geriatrico-bus, por las tardes en el cole-bus y los fines de semana en el candyteen-bus de niños que van a stupendo o a los cines.

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