¿Hay algo que dé más rabia que perder el autobús?

Sí que lo hay, sí, pero no mucho más. La sensación de impotencia que causa el ver el último autobús a lo lejos, pegarte la carrera, llegar jadeando a la puerta y que el conductor arranque en tus narices mientras te observa con indiferencia ignorando tus ruegos y súplicas. La gente que te observa suele alimentarse de tu patetismo y ríe con despreocupación ante tu imposibilidad de subir al último autobús que te llevaba a a casa, el trabajo o cualquier otro compromiso.

¡Ya está bien! ¡Desahoguémonos a gusto! Facebook lo hace posible, así que no dudéis en pasaros por el siguiente enlace. Es una página personal que he creado, y me encantaría que los lectores de Sistema Anoat se pasaran aunque sólo fuese una vez para compartir sus vivencias, anécdotas y traumas derivados de estas tristes experiencias para así poder llevarlas con humor. Gracias a todos.

Odio que el autobús arranque en mis narices y me deje en tierra

Y como despedida, un regalito:

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