Viviendo como un ewok

Lo de los ewoks es un tema complicado. Mientras que suele haber unanimidad entre los fans de Star Wars en lo referente al odio hacia la patética figura de Jar Jar Binks, las posturas ante estas pequeñas y adorables bolas de pelo siempre se ha encontrado dividida. Hay fans que les odian a muerte, por considerarlos ñoños, y añadidos innecesarios para llenar las salas de cines de niños pequeños y aumentar la caja, así como por haber sustituido la idea original (irrealizable en aquella época) de enfrentar a los poderosos wookiees contra los imperiales en los bosques de la Luna de Endor. Otros aficionados, entre los que me incluyo, recordamos a los ewoks con cariño, ya que el Retorno del Jedi es la película de la trilogía original que impacta con más fuerza en el corazón de los más pequeños, por su tono heroico a la hora de narrar el espectacular y épico triunfo del bien sobre el mal. El Retorno marca tu infancia y te mete para siempre la esencia de SW en el corazón, y los ewoks estaban ahí, machacando a los malos. Vistas ahora, puede que su presencia en la cinta sea de lo más innecesario, pero yo no puedo abstraerme de mis recuerdos infantiles. Al fin y al cabo, ¿qué quedaría de la afición por Star Wars si prescindiéramos de nuestra nostalgia? Muy poco. La magia desaparecería. Finalmente, un tercer grupo simplemente los contempla con indiferencia.

Si tuviera que recurrir a los servicios de un chamán, yo elegiría al bueno de Logray

En fin, después de esta defensa personal de los ewoks y de la grandeza de El Retorno del Jedi, va siendo hora de terminar esta introducción. Vamos al meollo. El tema es que parece que un grupo de personas, activas amantes de la Naturaleza ellas, ha decidido convivir de una forma muy similar a como lo harían los ositos de peluche de aquella galaxia tan lejana. En efecto, Matt Hogan, consultor de marketing deportivo de Maryland y su bienamada esposa Erica han decidido crear un insólito complejo residencial ubicado ni más ni menos que en las copas de los árboles. La Finca Bellavista, emplazada a 1800 metros de altitud en la costa del Pacífico Sur de Costa Rica, es todo un vergel natural rodeado de ríos y playas donde las viviendas, interconectadas mediante sencillos puentes de madera a lo largo de 150 hectáreas, se funden con el paisaje promoviendo una convivencia sostenible y plausible con el paradisíaco entorno en el que se encuentra.

La Finca Bellavista se encuentra rodeada de los ríos Piedras Blancas y Bellavista, encerrándola en el corazón de una auténtica selva tropcial costarriquense.

Y no son sólo palabras. Desde que el intrépido matrimonio viajara por primera vez a esta región y quedara cautivada por su belleza, tuvo muy claro que era posible vivir en perfecta comunión con la Naturaleza, prescindiendo para ello de las habituales comodidades a las que estamos acostumbrados en la ciudad a cambio de una experiencia ecologista sin igual. Cada vivienda de Finca Bellavista es única y diferente a las demás, ya que ha sido construida teniendo en cuenta el peso y la disposición particular del árbol que le sirve de soporte. Roderick Romero, un diseñador especializado en la fabricación de casas en los árboles, es el responsable de la tribal apariencia de esta insólita urbanización. De igual modo que ocurre en Kashyyyk, el planeta natal de los wookiees, cada casa está ligada de modo indisoluble al árbol que la permite existir.

¿Y cómo se abastecerá la buena gente que decida residir en Finca Bellavista? La respuesta es tan sorprendente como primitiva: recogiendo el agua de las frecuentes lluvias que azotan la selva mediante un sistema de almacenamiento y distribución que reparte el agua recolectada desde los tejados a cada vivienda. El líquido elemento es además el responsable de que la Finca disponga de energía eléctrica, gracias a la acción de una turbina que permite sobrevivir a esta comunidad gracias a la energía hidoeléctrica.

La máquina que lo hace posible

Por supuesto, los medios de transporte están prohibidos, por lo que los residentes deberán desplazarse por un sistema de rieles, camino estrechos y plataformas que conectan todo el recinto tanto por tierra como por aire.

Submarinismo, visitas a Parques Naturales, pesca, observación ornitológica o practicar el surfing en las maravillosas playas situadas en los alrededores son sólo algunas de las actividades que Finca Bellavista ofrece a sus huéspedes. La experiencia de turismo natural definitiva.

La fundadora de Finca Bellavista, pasándoselo teta con la tirolina

Impresionante, ¿verdad? ¡Pues además disponen de conexión wifi para permanecer comunicados con el resto del planeta! Y es que cuesta mucho renunciar a Internet xD

Conexión inalámbrica desde la Luna Santuario al mundo…

Por el momento los únicos residentes en Finca Bellavista son sus dos fundadores, aunque ellos mismos aseguran que ya han vendido 28 de las 72 parcelas disponibles en esta muestra de ecologismo integral y proactivo importado de aquella galaxia tan lejana. Ver para creer…y para disfrutar una temporada, sin duda alguna.

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2 Responses to Viviendo como un ewok

  1. Adolfo dice:

    Una luna de miel en condiciones….no?

  2. ..:Laura:.. dice:

    Hola!!!!!!!!!!!!!!!
    Qué monos los ewoks y q bien debían vivir, yo quiero una casita así!!!
    Por cierto, muxas gracias por tus coments, los he visto todos!!! Me alegro que os gustara el post de los novios frikis, es q te sientes superidentificada!!
    1besazo para los dos!!!!

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