Fauna de autobús, volumen 3

Continuamos con nuestra andadura por la rica biodiversidad que encierran los autobuses. El espécimen de hoy es, me atrevería a decir, el más odiado de todos.

Todos nos hemos encontrado con ellos alguna vez, todos hemos tenido ganas de matarlos.

Puede que tú mismo, lector, seas uno de ellos. Si es así, te odio.

El Sordo

Jamás se ha llegado a adivinar si el origen de su nombre es porque está realmente sordo (de ahí que haga lo que hace) o porque aspira seriamente a ello (de ahí que haga lo que hace).Sin lugar a dudas, es una de las especies más irritantes, molestas y odiadas por todo el autobús, incluso por los Sordos que en ese momento no están ejerciendo. Por no decir la que más.

Es la pesadilla de los Lectores de autobús, la cruz del que se siente no sólo a su lado, sino en su radio de acción. En el caso de los Sordos más poderosos, este radio de acción abarca prácticamente todo el autobús, de modo que todo el mundo en el autobús se percata de su presencia.

Ciertamente, son odiosos. En prácticamente cualquier viaje en autobús os encontraréis con uno. Y sí, se sentarán al lado vuestro, máxime si os ven dispuestos a leer un libro (momento en el que son atraídos como avispas a un bocadillo de Nocilla) o si os sentáis en la parte trasera del autobús, su rincón favorito para taladrarse los oídos. Su natural desdén y su actitud egoísta hacia lo que piensen y escuchen los demás (vamos, que se la suda) son piezas clave en la personalidad de un Sordo, pero de nada serviría sin el instrumento que les caracteriza. El que dice al resto de viajeros “miradme, soy un Sordo”. Los auriculares, efectivamente.

Y es que este asunto tiene miga. Si hay gente que escucha música sin taladrar sus oídos y los del vecino, ¿qué tienen los auriculares de esta gente? ¿De qué están hechos? ¿Están huecos? La creencia popular es que sí, pues si no no se explica la inmensa cantidad de sonido que se va de su oreja para instalarse en las del resto de sufridos viajeros. Mi teoría es que directamente les quitan componentes en plan casero.

Sus gustos musicales son variados, aunque se suelen centrar en el punk comercial, el techno y los éxitos del momento (Shakira, Alejandro Sanz, cosas de esas). El regaetton, no hace falta ni mencionarlo. Es obvio. Por supuesto, nunca se enchufarán algo que, por algún casual, a ti te apetecería escuchar en ese momento.

Muchas preguntas se plantean al observar esta especie: “¿Por qué tan alto?”, “¿Cómo se puede ser tan cabrón?”, “¿Por qué crean los mp3 con el volumen tan alto, cojones?” y sobre todo, “Si yo estoy escuchando la canción perfectamente, ¿qué demonios escuchará él?” Las preguntas derivan casi inmediatamente en malos deseos para tan dañina especie. Todos, absolutamente todos, lo hemos deseado alguna vez: “Ojalá te quedes sordo, cabronazo”.

Lamentablemente, es posible que quedarse sordo sea precisamente su objetivo, algún tipo de ritual de madurez que debe desarrollar en sociedad para ser aceptado por un grupo de Sordos Ancianos. Quién sabe. Los que es seguro es que están en todas partes, y que la única forma de vencerles es uniéndose a ellos: con un mp3 y unos auriculares. Es por ello que su número crece más y más cada día. Tanto como las ganas de darles una hostia.

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One Response to Fauna de autobús, volumen 3

  1. […] Nada de contacto. Por supuesto, la incomodidad se convierte en odio si el susodicho es un cruel Sordo y tú quieres leer algo durante el trayecto para compensar todo el embrutecimiento que recibes […]

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