Momentos Entrañables Bérriz, vol 4

Hola visitantes. Tengo un montón de cosas que contar en el blog, pero creo que lo mejor va a ser empezar por el momento berricense, porque una semana sin momento berricense se lleva peor. Así que, sin más dilación, empezamos. Todos en pie para entonar el himno:

(en el Coleeegio Béerriiz, hay que ser soolidaarios…con la mano en el corazoon, con ilusión…)

MOMENTOS ENTRAÑABLES BÉRRIZ

Hoy os voy a hablar de algo que no todo berricense sabe, ya que implicó a pocas personas, y gracias a su rápida actuación no tuvo graves consecuencias, pero creo que ha llegado el momento de que se sepa toda la verdad. Os voy a hablar de: EL INCENDIO

Esta historia marcó para siempre mi etapa estudiantil, y suele ser tema de conversación con el otro implicado con cierta frecuencia. Todo ocurrió en un recreo. Supongo que sería primavera, porque el patio estaba totalmente lleno de polen, hecho que por algún desconcertante motivo nos intrigaba y hechizaba por igual. Estábamos Adolfo, Los Hortelano, Teto y yo. Eso sí es un peligro de cuadrilla, y no la de Oceans Eleven. Debían quedar unos cinco minutos para que sonara el timbre (como todos sabréis, lo de timbre es una forma de hablar: seguramente sonó el Dale Ramón, o alguna milikada), y nosotros habíamos dedicado el recreo, nuestros veinte minutos de liberación, en quemar con un mechero todo el polen que veíamos. Lo prendías, y se volatilizaba. Y fijaos que con esa gilipollez eramos felices. Lo del polen era como el Arca de la Alianza, fascinante. No cabía más actitud ante la vida que quemarlo.

Pues eso, poco antes de subir a clase, vemos un reguero improvisado de polen que se inicia en nuestro patio y se interna en el descampado que separa nuestro colegio del Logos. El descampado estaba seco, con hojas amarillas y muertas, el típico campo que sale en los anuncios y un dominguero tira una colilla y quema un bosque entero, bueno pues así era. A todos se nos pasó la idea por la cabeza, y nosq uedamos mirando el reguero mientras nos reíamos con sonrisa de hijo de puta, hasta que alguién (creo que fue Jaime, de los Horte de toda la vida) dijo lo que yo temía:

– “¿Y si prendemos el polen, a ver qué pasa?”

Lo que pasaría es que ese polen actuaría de mecha y prendería el campo. Todos lo sabíamos, la verdadera pregunta escondida bajo la superficie era, “¿y si probamos a ver si se quema el descampao del Logos?¡Será divertido!”

Aún así teníamos bastantes reticencias, iba a sonar la campana y se podía armar un follón importante. Después de un rato debatiendo sobre si hacerlo o no, se activó el detonante. Alguien dijo la frase maldita, el conjunto de palabras que hace delirar a hombres sensatos y les arrastra a la barbarie y a la insensatez más evidente. La frase responsable de todos los actos estúpidos del ser humano, incapaz de resistirse al embrujo de su sonido:

– “No hay cojones”

Esta afirmación, aquí donde la veis, fue responsable de ambas guerras mundiales. Ya me imagino en la Cancillería:

-Adolf, vamos a invadir Polonia

– Nain Heimrich, al fin y al cabo su ejército es de caballos.

-Vamos hombre Adolf, estará gracioso.

-Que nain.

-…no hay cojones

(musiquilla de enajenación mental de Kill Bill e inicio de la guerra)

Sí amigos, todos sabemos el terrible poder desquiciador del No hay cojones, en todas sus vertientes. En cuanto fue pronunciada, Adolfo es que ni lo dudó. Se nos quedó mirando con esa cara seria que es capaz de decir “que no, os vais a cagar” Y el tío, sin pensarlo siquiera enciende el mechero y prende la mecha. Y ocurre el desastre. El polen, efectivamente, actúa de mecha, atraviesa la alambrada, y prende el descampado, incendiándolo. Nos quedamos como mudos durante un segundo, como asimilando lo subnormales que éramos, y luego nos inundó una mezcla de desconcierto y pánico. En ese momento (porque Dios no está en todas partes, pero suele intentarlo), sonó la musiquilla de volver a clase, justo cuando se inicia el Incendio.Empezamos a gritar qué hacer y cómo apagar el fuego, y nos giramos a ver si se había enterado mucha gente. Teto ya estaba casi entrando por la puerta del colegio. Le faltó tiempo. Como veis, el pánico pudo con unos más que con otros. Después de hablar atropelladamente durante un rato, los Horte también se fueron a clase. Y ahí estábamos Adolfo y yo, solos en el recreo ante un incendio que cada vez se hacía más grande. Teníamos que hacer algo rápido, más que nada porque si el incendio no se apagaba, nos pillarían tarde o temprano. Así que saltamos la alambrada (aún no sé cómo) y llegamos al descampado. Intentamos apagar el fuego a pisotones, pero no lo conseguíamos. Mientras tanto, los del Logos nos gritaban. Seguíamos intentándolo, pero el fuego no se apagaba. Los pelos de las piernas empezaban a crepitar, como si fueran palomitas y estábamos cansados y frustrados. Entonces a Adolfo se le cruzó la vena. Se paró, me miró y me dijo “dame la sudadera”. Yo tenía la sudadera del chándal del Bérriz atada a la cintura, y es que veía tan claro lo que iba a hacer, que le dije que no. Entonces el tío va, me la quita de la cintura, la enrolla como una toalla y empieza a atizar el fuego. Vamooos. El fin justifica los medios, debió pensar.

Tenéis que ver la escena, el tío todo concentrao apagando el fuego con mi sudadera a ostia limpia y yo gritando “jodeeeer, jodeeer”

Al final, se apagó el fuego. Me devuelve la sudadera, que estaba negra y apestaba a humo. Con el deber cumplido, subimos a clase.

Esta es la parte que algunos berricenses quizá recuerden. Entramos en clase de Música (triolá triolá, a-gua,sin-gas), concretamente a la clase de dibujo, transformada por Charo en “la sala de los metalófonos”. Ahí estábamos, Adolfo y yo, pirómanos y bomberos por accidente, con el pelo chamuscado, las pierna peladas y con ceniza, y la ropa negra y apestando a humo. La clase se queda muda. A la tía no se le ocurre otra cosa que mirar la hora (como diciendo, “mirad que indirecta, así os echo en cara que habéis entrado 15 minutos tarde”) ,mirarnos con esa cara de chino indignado que tiene y decirnos:

-“¿De dónde venís vosotros dos?”

Nuestra cara es un poema. Nos miramos con cara de mala ostia y nos sentamos. Supongoq que le daríamos alguna explicación, pero creo que no le hizo mucho caso. Estaba oyendo un metalófono,ese metalófono que sólo existía en su cabeza y que no paraba de sonar y sonar.

Al acabar la clase, Adolfo y yo nos reunimos con un grupo de profesoras (incluso con la directora) para decirles que ha habido un incendio y que nosotros dos, desinteresados ciudadanos del mundo, lo habíamos apagado.

DANIEL BAILEEEEER

Con dos cojones. Tampoco les estábamos mintiendo, y había que explicar nuestra presencia en aquel incendio. Las profesoras, con Pepa a la cabeza (era más buena que el pan la pobre, espero que no nos guarde rencor) nos pusieron a la cabeza de la investigación para ver quienes eran los autores de tan siniestro altercado. A nosotros nos costaba contener la risa, pero por la cuenta que nos traía, no lo hicimos, y hasta seguíamos adornando la historia. Burlar a la autoridad en sus narices mola, y el show debía continuar, como decía Freddy Mercury. La verdad es que la idea era brillante: si íbamos de salvadores (que lo fuimos), jamás nadie sospecharía que nosotros fuimos el origen del fuego.En cuanto a la sudadera, me fui al Cajón (algún día hablaré del Cajón como se merece) y cogí otra.

Esta es la historia que Adolfo y yo nunca olvidaremos, la historia de cómo un pirómano y su joven padawan casi la montan pero bien gorda y acabaron siendo los guardianes de la paz y la armonía, al menos por un día.

“Tira la mano y esconde la piedra”, Rosa

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4 Responses to Momentos Entrañables Bérriz, vol 4

  1. Anonymous dice:

    Todavía hoy puedo recordar cómo apestaban vuestras ropas y que llegásteis copn los pelo de las piernas chamucados!

    Lo que si que tiene “un trago” es que os presentais como unos salvadores!! jajaja!

    Ale, se despide,

    EL PADRE HOYU

    P.D.: Que puntazo la cita de Rosa Freisas.

  2. Anonymous dice:

    “¿Quien es más loco el loco o el loco que sigue al loco?”

    Adolfo

  3. Paloma dice:

    Yo creo que ahi aún no estaba en tu clase, te conoci tarde. Vaya sinvergüenzas…No me extraña que David esté arrepentido. Y q buenas las clases de metalófonos en el aula de dibujo y el chocolate-mermelada etc de Charo, jaja. Hace mucho que no escribes MEMs no?Venga animate, que tienes muchos asuntos que tratar.

  4. Anónimo dice:

    No sé por qué pero siempre creí que fue uno de los hermanos de la Haza…

    Hubo mucha desinformación.

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