Momentos Entrañables Bérriz, vol 2

Ante la avalancha de reprimendas y cartas bomba que he recibido por no cumplir con mi deber de recordar hazañas berricenses el pasado jueves, os pido perdón. Después de este post escribiré otro en el que relataré el porqué no pude hacerlo ayer. Una historia llena de drama, suspense y plumas. No os la perdáis.
Pero, por fin, la espera ha terminado. Aquí está, con todos vosotros, una vez más..

(Himno del Colegio Bérriz: En el colegio Beeriiz, hay que ser soliidaarioos…con la maano en eel corazoon…con ilusión…)

MOMENTOS ENTRAÑABLES BÉRRIZ

Como ya comenté el sábado pasado, la Raja (the Reich) es una fuente inagotable de inspiración. Tan sólo Rosa se le acerca. Uno de los escenarios donde este personaje desplegaba sus dotes era en el salón de actos (que un día recibirá post especial). Conservamos muchos recuerdos de ese salón de actos: los sillones rotos, las bolillas de pegamento-mierda que se desprendía del asiento de delante, y que servían de entretenimiento en los momentos de mayor aburrimiento, los cuerpo a tierra de Palacios, los vídeos, etc. Pero hay un fenómeno berricense (y esto sí que es exclusivo berricense) exclusivo de este salón de actos. Una experiencia en la que los alumnos debíamos dejar la mente en blanco y concentrarnos…para no descojonarnos de risa. Sólo en el salón de actos del Bérriz te puedes encontrar a Jesús paseando por un mercado. Estoy hablando, por supuesto, de las RELAJACIONES.

Las relajaciones Bérriz se acabaron conviertiendo en algo cotidiano para nosotros, ingenuos preadolescentes. Pero no nos engañemos. Esto era más parecido a una secta que a un colegio. Para los no iniciados (y para los que quieran recordar), aquí os detallo el procedimiento:

Desde finales de la ESO y a comienzos de Bachillerato, los alumnos el Colegio Bérriz fueron sometidos a una serie de experimentos de control mental en un salón de actos. A puerta cerrada, y sin que nadie más lo supiera, la Raja (ah, pero fuera) nos informaba de que hoy tocaba relajación. El primer día nos quedamos todos un poco a cuadros. Una mitad de la clase se descojonaba (vamoos), la otra tenía miedo. La Raja se iba al radiocassete del salón de actos, y colcoaba una cinta. A saber de dónde coño sacaba esas cintas. Esto me lleva a preguntarme: ¿hubo más gente aparte de nosotros, en otros colegios, que escuchara estas cintas?¿Quizá alguna secta? Bueno, pues estábamos todos sentados, cada uno en nuestro asiento, y la tía daba al play.

-Ah, bueno, pues ahora vais a cerrar los ojos, y os vais a relajar.

Risas.

-No os riais que es un ejercicio muy bonito y espiritual.

Muchas más risas.

No recuerdo cuál fue la primera cinta de relajación que nos puso, pero todas seguían un mismo patrón. He de recordar que la asignatura objetivo de estas prácticas era Ética (no sé si también en Religión y Filosofía, seguramente).

Sonaba una musiquilla ridícula y que inevitablemente te llevaba al cachondeo y al comentario fácil. Si habéis tenido alguna asignatura como Cultura Clásica, Griego o algo así, y os han puesto un vídeo sobre la vida de los antiguos griegos en la polis, sabreís de qué banda sonora hablo. Si la musiquilla en sí no bastaba para hacer cualquier cosa menos relajarte, lo más socorrido era abrir los ojos y mirar la cara de capullos que tenía el resto, con los ojos cerrados e intentando entrar en otro plano astral (esta gente eran a los sumo 5 o 6 personas). Entonces, sonaba la voz. Un tío, con una voz inquietante, nos decía lo que había que hacer. Esto suena fuerte, pero era así. Con respecto a lo que ste pabo soltaba, divido las relajaciones en varias categorías:

– Las de “Convierte tu cuerpo en un amasijo inservible””: Teóricamente, el objetivo de estas prácticas era relajar cuerpo y mente. Pero realmente, era un método para dejarte el cuerpo paralizado, para que la sangre no te fluyera ni a las extremidades ni a la cabeza, para así, cuando sonara la campana, dejarte a merced de la clase siguiente. Pero la Raja no contaba con que a nosotros nos la sudaba, y no hacíamos ni puñetero caso a lo que os decía el sujeto este.

Empezaba con cosas como “te encuentras muyyy bien, muyyyy relajado (musiquilla rallante y sistemática). Ahoora, vas a relajar tus piernas. Relaaja las piernas. Las pieernas. (por el sector más radical ya se oían carcajadas). Ahoora, los brazos. Cóoomo te pessan los braaazos. Te preguntabas que cóño hacías ahí, en el salón de actos, rodeado de gente igual que tú.

– Las de respirar: Eran parecidas a las de antes, pero se centraban más en lograr agotar el oxígeno de la sala. “Ahora vas a inspirar muy fueeerte. Inspiiira. Expiiira. Inspiraa. Expiiira. Muy bieeen”. Si la clase hubiera durado media hora más, el dióxido de carbono nos hubiera matado. ¿Sería ese el verdadero objetivo? Sería un plan perfecto, la Raja se hubiera librado de nosotros de una forma limpia y no incriminatoria.

-El Mercado: La Madre de todas las Relajaciones. No importa cuántas veces la hubiérmaos escuchado. Era como el Comodín de la Raja. En los 3 años de relajaciones, habremos escuchado el Mercado más de diez veces. Cuando empezábamos a oirla, los más veteranos ya se reían, o lo comentaban con el de al lado, porque ya habían identificado el característico modus operandi del Mercado. Consistía en lo siguiente. Tú ibas andando por un mercado. Así, porque sí. No preguntes por qué, estás y punto. Estás andando, respirando los aromas y sintiendo todo lo que te rodea. Y de repente, te encuentras con Jesús. Voy a repetirlo de nuevo, porque es bastante duro. TE ENCUENTRAS CON JESÚS. No con tu prima, ni con la Pantoja, ni siquiera con Beckham. No. Tú vas, con tus dos cojones, y te encuentras con Jesús. Imagináos la coña del primer día (y de los siguientes, qué narices). “¡Qué pasa Jesús!¡Cómo andamos!” “¡Te invito a unas cañas!” “¡Hay que ver cómo se pone esto los fines de semana ¿eh?” “Pues yo utilizo Diplomacia, y le digo que me deje pasar”

Totalmente Bérriz. A partir de ahí, la cosa se desmadraba tanto que ya no recuerdo qué pasaba con Jesús. Me parece que te concedía tres deseos o algo así. En serio, es el recuerdo que tengo. La verdad es que era la única relajación que me gustaba. Todo el mundo asociaba “ah, pero bajad al salón de actos, que hay relajación” con el mercado. Ya había expectación, un prepartido al mercado:”¿tú crees que pondrá el mercado?””Puff, no sé, ya la ha puesto muchas veces…no sé yo” Luego ahí metidos, cuando la habíamos oído más de 3 veces al pasado año, soltaba el tío, “vas por un mercado. Qué bieeen huele todo. Los pajarillos caaantan. Las nubes se levantannn. Y de repente, os parece ver a alguien. Veis una figura… “Seguro que es Jesús!!” “¿A que va a ser Jesús” Carcajadas generales. Un cachondeo.

Para alguien que no haya ido al Bérriz, esto lo parecerá propio de una secta. Yo fui al Bérriz, y también me lo parece. Pero era entrañable. A la gente ya no le sorprendía bajar a ese salón lleno de chinches para “relajarnos”. Algunos, incluso, se lo tomaban en serio y todo. Todo sea por subir nota, hombre, que me vea la tía esta que estoy en la dimensión negativa. No voy a decir nombres pero a todos os vendrá un nombre a la cabeza. Con su ceño fruncido, sus morros apretados y con una expresión de concentración que no tenías más opción que reirte. La cosa está en que esto lo hacía la Raja porque le daba la gana. En ningún momento se lo pedimos (salvo cuando no queríamos dar clase, pero eso es una estratagema, no ganas de hacerlo). Y la tía era consciente de que nos la tocaba, que no movíamos ni un dedo por relajarnos, que para nosotros era una forma más de perder el tiempo. Pero ella seguía en sus trece, “que no, venga, que esto es muy bueno para tu paz interior”. Antes muerta que ceder a nuestra indiferencia.

Sí amigos, las relajaciones es una de esas cosas que nos han formado como personas, que nos identifican como ciudadanos Bérriz en el mundo. Una de esas gilipolleces que echas de menos en la Facultad, una Facultad en la que no hay ni Raja, ni Rosachu, ni Adela, ni Fabián. Por ello, ya sabéis que cada jueves (si me retraso no me linchéis, estará el viernes) tenéis una cita con el recuerdo en Momentos Entrañables Bérriz.

“O sea, sois unos salvajes, pasad a ver si os apaciguáis” (Isabel, la Raja)

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3 Responses to Momentos Entrañables Bérriz, vol 2

  1. crispa dice:

    ¡¡Me acuerdoooooo!!
    ¡Tenías que pedirle cosas como “un frasco de paciencia” o así!
    (lo cual me recuerda esas veces que la raja miraba al techo con aire de sufrimiento y decía ” cielossss, dadddme ira que me sobre paciencia”.
    Y puedo apuntar un dato más: todas las cintas eran de psicólogos argentinos.

  2. Anonymous dice:

    (musica de fondo del post: iu,iu,iu..)

    JAJAJA!!

    Qué bueno!! Se te ha olvidado contar las reflexiones post-relajación en el cuaderno, donde NADIE sabia qué coño poner y relajacion tras relajacion todos poniamos lo mismo!!

    Los principios siempre eran: “esta relajación me ha ayudado mucho, porque me he descubirto a mi mismo, blablabla…”

    Tb me acuerdo del tipico repetidor (en plan Mogly) que se sobaba; nuca sabre si se sobaba del todo o solo se adormecia profundamente!

    Que sectario era todo aquello cuando apagaba las luces y llegabamos al “mercado”. Y tienes razon, yo solo me acuerdo de de la del mercado! de ninguna más!

    Sigue así, que nuevamente has bordado este “EXPEDIENTE BERRIZ”

    TALUE,

    JULA

  3. Carlos dice:

    Yo me quedaba dormido el 90% de las veces… 😛

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